Animal print: un arma de doble filo

Animal print: un arma de doble filo

Animal print

Animal print

El Animal print es un recurso que encontramos en el diseño de manera recurrente. Como bien lo indica su nombre, consiste en ofrecer a los agentes elementos que introducen en los hogares un toque salvaje, típico de las culturas africanas en el seno de un espacio urbano en sentido estricto. De esta manera el Animal print se ha pensado como exotismo, y como todo aquello que forma parte de lo “ajeno” para el hombre europeo moderno es incorporado como “exótico”, “primitivo”, “salvaje”. Ahora bien, hay un enorme riesgo en la utilización de este recurso, y consiste en caer en el mal gusto.

Cómo usar con juicio al Animal print

Es preciso tener un juicio del gusto lo suficientemente refinado como para poder saber cuáles son los límites del uso de este recurso tan aclamado por las personas que desean realizar un cambio en la decoración de sus hogares. Cansados de la rutina y del triste y gris tono “cremita” de sus hogares reconfortantes, desean agregar elementos que hagan parecer a su hogar a una selva africana, o superficies que nos recuerden a un mundo en el que la pasión y la irracionalidad priman sobre la organización y la previsibilidad.

Ahora bien, en este afán por establecer tonos “de color” en nuestro hogar, podemos caer en el riesgo de una sobreutilización de este recurso. A este tipo de riesgo me gusta llamarlo “fetichismo” del recurso. Pues las personas olvidan que todo recurso es puesto en práctica en un contexto, y no es posible abusar de éste, dado que de otra forma caeremos en un mal gusto que impedirá que nuestro hogar se presente con un rostro ameno y reconfortante para las personas que lo habitan.

Desarrollar el juicio del gusto es saber que sólo con decoro es posible utilizar el animal print, y las superficies de leopardo o atigradas sólo aparecerán como casos extremos, raros, únicos en el medio de un contexto armonizado.

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