Buhardillas

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La buhardilla ha ocupado la imaginación y la fantasía del cine y de la literatura por muchos años. Siendo el extremo superior de un hogar, un espacio cuyo techo es el techo de todo el hogar, y por lo tanto las dimensiones aparecen bajo un prisma completamente extraño en relación con los otros ambientes de la casa, las buhardillas han generado expectativas de miedo y suspenso. Mal iluminadas, con un clima que suele rondar en el frío, oscuras, tenebrosas, han hecho pasar más de una mala pasada a los niños. Tratemos de dilucidar algunas dimensiones para que esto se revierta.

Las buhardillas: una posibilidad

Las buhardillas pueden funcionar en varios planos, siendo su uso una virtualidad que depende de nuestras ganas y de nuestra invectiva. ¿Para qué las deseamos usar? ¿Para guardar todos los objetos inservibles? ¿Para tener un dormitorio más? ¿Para hacer las veces de espacio recreativo o sala de juegos? ¿Para armar un gimnasio? Verdaderamente son miles las opciones.

Lo cierto es que es indispensable dejar de lado la opción que deja la buhardilla como resto, como lo que queda. Pues al hacerlo, y al colocar los muebles antiguos y viejos que ya no nos gustan en ella, perdemos un espacio estratégico que, de otra forma, podría sernos de gran utilidad.

Una buena opción es la creación de un estudio de trabajo allí. Colocando una línea telefónica, una mesada o escritorio, una serie de estantes con libros, y una televisión con un sofá para poder tomarse un descanso, podemos hacer de la buhardilla el espacio de aislamiento en un contexto en donde los niños y las esposas pueden resultar harto molestos.

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