El blanco en la cocina

El blanco en la cocina

Suelos blancos en la cocina

Suelos blancos en la cocina

Blanco. ¡Cuántas reflexiones y bellas palabras ha suscitado este color en la filosofía y en la poesía! ¿Quién no recuerda la figura de la blancura en “Un coup de dès…” de Stephan Mallarmé? El color blanco ha servido de palanca de connotaciones de lo femenino, de lo virginal, de la luna, de la leche, de la seda, del mármol, de la belleza clásica de la Grecia Antigua. Todo esto y mucho más despierta el blanco. Entonces, si es un color tan especial, ¿por qué no utilizarlo en nuestro hogar? Más aún, ¿por qué no pintar de blanco nuestra cocina? He aquí algunas virtudes del blanco en el espacio donde solemos cocinar alimentos.

La blanca cocina

En la cocina, sabemos, solemos cocinar. Es por ello (por los vapores, por las frituras, por los sofritos, etc.) que la cocina está sometida a un régimen de suciedad que no se da en otros espacios del hogar. Esta es la razón principal a favor del blanco en la cocina.

El blanco permite una imagen de limpieza. Como toda imagen, es una apariencia. No necesariamente debe ser cierto que lo que percibimos en la cocina sea efectivamente así como se nos aparece a nosotros.

Pero el blanco nos puede servir para salir de un apuro. Imaginen una visita inesperada de personas con las que no tenemos mucha confianza. Seguramente intentarán ingresar a la cocina. Es bueno que sea blanca la cocina, para que -tanto en los suelos, como en las paredes y el mobiliario- nadie se aperciba de que está todo mucho más sucio de lo que se cree.

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