Un baño muy particular

Un baño muy particular

Un baño diferente

Un baño diferente

¿Cómo decorar un espacio al que las personas acuden generalmente para satisfacer una necesidad? Parece una tarea destinada al fracaso. ¿Por qué? Pues el baño es un espacio al que solemos ir con una finalidad bien determinada: hacer nuestras necesidades o bañarnos. En estas prácticas la necesidad oscurece con un manto gris toda dimensión estética de la percepción humana.

Decoración del baño

Sin embargo existen, al interior de estas prácticas de necesidad, un momento en el cual la mirada humana se posa en la extensión del baño buscando notas gratificantes, elementos que satisfagan no la necesidad fisiológica, sino la necesidad de tener placer. Es así que la decoración del baño encuentra un espacio para su posibilidad.

Consideramos que un buen recurso para despertar esta dimensión estética de la percepción es con el uso de elementos que llamen la atención. Escapar al aburrido blanco y celeste, a lo esperable. Recurrir, al contrario, a lo brusco, a los colores fuertes: rojo intenso, negro, etc. Mezlcar estos colores que pueden dar un fuerte tono a las paredes con objetos dorados: canillas, inodoros.

Introducir, también, cuadros de vanguardia. No una obra de arte que funcione “bien” como decoración, sino una obra revulsiva, que nos obligue a mirarla pero, que, al tiempo nos obligue a quitar nuestra mirada de ella.

Todos estos elementos que buscan romper con el bienintencionado “justo medio” del clasicismo armónico intentar interrumpir el flujo de la conciencia ordinaria y quebrar nuestras expectativas. Allí entonces lo estético y lo fisiológico se mezclan, y el baño aparece como sitio de experimentación de nuestra propia experiencia humana.

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